Después de rellenar el formulario y de sentarnos en la mesa te darás cuenta de que:
Esto no es cierto.
1.
¿Qué te ocurre cuando tomas la decisión de no acudir a esa cita o no contestarle porque «es que te da pereza»?
Pues es normal que, hasta ahora, se te quede una sensación extraña en el cuerpo, sobre todo en el estómago, porque tomas esa decisión con la sospecha de que estás corriendo un tupido velo que no soluciona el problema y de que tarde o temprano vas a tener que tener esa conversación.
Para que esto no te pase, la clave está en decidir que no vas siempre y cuando ir no suponga solucionar el problema.
2.
¿Qué te ocurre cuando tomas la decisión de sí acudir a esa cita o sí contestarle?
Pues que la obligación y el compromiso deciden por ti y es normal que tengas la sensación de ir a pecho descubierto, de que en cuanto pises en el lugar equivocado del buscaminas, saltará la bomba y a ti no te pillará desprevenida pero sí te pillará sin saber qué decir para sentirte ganadora.
Para que esto no te pase, la clave está en decidir que sí vas siempre y cuando ir suponga solucionar el problema.
Entonces,
Como te decía antes:
Lo de que eres cobarde o te da miedo quedarte sola, no será cierto.
Y como ves, hagas lo que hagas, vas a sentir que has ganado y que has controlado el cotarro.
Esto es lo que vas a conseguir cuando nos sentemos en la mesa y tiene un valor de 350€ por solución completa (no por horas).