Puede que te asustes con lo que vas a leer en esta página ya que quizás no tenga nada que ver con tu caso.
Aun así, al leerla vas a aprender las 3 cosas más importantes que van a hacer que tus relaciones funcionen, incluida la tuya contigo misma.
-Realmente, si analizas frase por frase, te darás cuenta de que hay más aprendizajes-.
Y también te vas a poder quedar a gusto, desahogándote y encontrando soluciones a las diferencias que estás teniendo con tu padre, con tu jefe, con tu pareja o con tu amiga.
Empecemos:
Mi casa era un pequeño hotel rural y lo único que me gustaba de ese hogar tan raro es que cuando discutía con mis padres, yo me podía escapar sola de casa.
Como mis padres ni me escuchaban ni me entendían, solo me imponían, yo prefería que estuvieran ocupados en otras cosas como, por ejemplo, en dar cenas o habitaciones.
Así, mientras tanto, cuando necesitara escapar, yo podía bajar tranquila por la calle, sin correr, porque ellos no iban a venir detrás de mí a buscarme.
¿Cómo notamos que alguien no nos entiende?
Cuando nos damos cuenta de que por mucho que le expliquemos cómo nos sentimos, qué necesitamos, qué queremos, esa persona no es capaz de ver desde nuestra perspectiva.
Y te contesta con algo así:
«No, si ya, si te entiendo, pero yo lo veo de otra manera».
Vale.
¿Cómo notamos que alguien no nos escucha?
Cuando nos damos cuenta de que, a pesar de expresar nuestro malestar, la otra persona se hace la sorprendida.
Y te contesta con algo así:
«Uy, no sabía que estabas tan mal y que era para tanto».
Vale.
¿Cómo notamos que alguien nos impone?
Cuando tienes la sensación de que esa persona tiene la última palabra.
Bien.
¿Qué me pasó un sábado en ese hogar tan raro?
Pues un sábado pasó lo que también pasaba un lunes, un miércoles o un domingo:
Tuvimos una discusión entre mis padres y yo.
Podría contarte lo que me pasó exactamente porque, la verdad, que no tiene desperdicio, pero prefiero no hacerlo público.
Sé que tienes capacidad de sobra para empatizar e intuir cómo me sentía porque tú también has tenido alguna vez un desencuentro con alguien.
Y…
A más intenso el desencuentro, más ganas de que se acabe cuanto antes y más necesidad de ser entendida, modo portazo.
A menos intenso, más ganas de llegar a un acuerdo y de que ambos os entendáis, modo partido de tenis.
1) Primer aprendizaje:
Que un desencuentro no sea muy intenso no significa que sea menos importante, ni que haya que pasar de puntillas por él.
Sigo con el siguiente aprendizaje.
El problema no es que hubo una fuerte discusión entre todos.
En esta discusión el problema es que ni me entendieron ni yo tenía la capacidad de entenderme como ahora sí lo hago.
¿Qué no entendió nadie?
Pues que yo le estaba reclamando ser atendida a quien no podía ni quería atenderme.
Y si, aunque me doliera, comprendía y respetaba a esa persona y a sus limitaciones, la demanda ya no sería tan frustrante.
¿Si aprendía a quererme yo a mí misma solucionaba el problema y me frustraría menos?
NO.
-Recuerda que estamos aquí por que queremos que nuestras relaciones funcionen, no porque queremos que nuestro individualismo funcione-.
¿Entonces?
Pues, ya no sería tan frustrante porque podía decidir dejar de buscar agua en una fuente seca y enfocarme en la fuente que sí me daba ese agua que buscaba.
2) Segundo aprendizaje:
Quita el trigo de la paja para que así puedas saber qué es lo que está causando el desencuentro.
No te quedes en las formas, en el tono, en las palabras, en el “mira lo que me ha dicho” o “mira lo que me ha hecho”.
Terminando…
Esa discusión acabó cuando abrí la puerta de hierro y noté por unos segundos la sensación de libertad que me daba la calle.
La cerré de un portazo y hui.
El sonido del hierro de la hoja de la puerta chocando contra el hierro del marco, era el sonido del hasta aquí. Por fin se ha acabado.
Pero, claro, tenía 3 problemas:
Así que me puse a caminar en busca de apoyo y de escucha en una persona que ahora te presentaré.
La iglesia iluminada al fondo de la calle era mi faro. La seguía mientras andaba por la calle empedrada, pisando cada canto rodado con rabia.
Era invierno y de noche, qué gustazo que no tenía que disimular pues no había nadie por la calle, sólo yo, mi rabia, mi llanto y mi necesidad de acortar el tiempo entre el dolor que había dejado atrás y el consuelo que me iba a encontrar delante.
Por fin llegué a la parte trasera de la iglesia de mi pueblo que era donde vivían mi abuela Pilar y mi tía Yoli.
Subí los escalones, llamé al timbre y mi abuela Pilar me abrió:
-Pasa chiquitina, ya me ha llamado tu madre contándome que habéis discutido y que has salido disparada hacia aquí.
Entrar a esa casa era como entrar en el cielo, pisar nubes, sentir en la cara los rayos justos de sol, respirar brisa, poder ir en manga corta sin que haga demasiado calor.
Esa casa era la lluvia suave y necesaria que cae mientras tú duermes.
Lloraba, me expresaba y mi abuela me escuchaba hasta que notaba que yo no tenía más que decir.
Entonces, ella remataba el momento con esta propuesta:
-Tengo una sopa de pollo que he hecho y un poco de queso. ¿Quieres que te la caliente?
Y yo me rendía y me dejaba cuidar.
Flotaba.
Después de esto han pasado los años y he pasado por distintos psicoterapeutas y nada me ha sido tan terapéutico como la escucha de mi abuela y su caldo.
3) Tercer aprendizaje:
No te quedes en el desencuentro.
Háblalo, compártelo, pendula del dolor hacia el amor.
En el menor tiempo posible, encuentra a otra persona que esté dispuesta a escucharte porque esta es la clave para perdonar y volver a confiar en el ser humano.
Mi abuela solo necesitaba entre 20 y 30 minutos para ello.
Y esto es lo que yo quiero ofrecerte: escucha y comprensión.
Créeme que, si pudiera y el formato me lo permitiera, también te haría una sopa calentita.
¿Cómo funciona esto?
Se trata de una conversación, al grano, de 30 minutos máximo por videollamada.
En ella yo te voy a escuchar, te voy a entender y te voy a dar información astrológica sobre tu personalidad y tus circunstancias para que puedas tomar las decisiones que necesites.
Tiene un precio de 40€.
Pasos a seguir:
Como dijo Mario Benedetti:
“Todos necesitamos alguna vez un cómplice, alguien que nos ayude a usar el corazón”.
Si necesitas más conversaciones tengo otro acompañamiento mensual, con un precio de 180€ y al que pueden acceder sólo las personas que previamente han cogido este servicio. Así pues, tranquila porque seguirías teniendo apoyo hasta que lo necesites.
Quiero que sepas que esto NO sustituye a una terapia psicológica. Tampoco te diagnosticaré ni te evaluaré. Si necesitas ayuda terapéutica psicológica o psiquiátrica, o si tienes algún trastorno o enfermedad psicológica, tendrás que acudir a profesionales especializados en esto. Yo estoy trabajando como astróloga, no como psicóloga.
PERO…
Que esté actuando como astróloga y no como psicóloga, no hace que este servicio no te funcione.
Quiero contarte que:
Lo que hizo que mis relaciones funcionaran fue conocer y aceptar a las personas tal y como son, saber leerlas y saber jugar la partida social.
Para esto, he probado muchas maneras de hacerlo, desde las más científicas a las más pseudocientíficas, y como la Astrología, ninguna.